Con esta serie me atrevo a afirmar que las series francesas
criminales y noir me encantan. Ya había visto Glacè, La Mantis, Le Chalet y
Zona blanca, define que siga eligiendo este tipo de contenidos.
A diferencia de las series americanas, en general las
europeas tienden a ser más lentas, por lo tanto puede ser que al principio les
cueste engancharse, pero les prometo que vale la pena.
Zona blanca transcurre en un pueblito de montaña que tiene
problemas para recibir señales de celular, y de ahí deriva el nombre de la
serie, de estos espacios vacíos que condicionarán diferentes momentos de la
historia.
Como en todo pueblo, sus habitantes se conocen de toda la
vida, hay una familia que es dueña del 95% de las propiedades y empresas, y la
gendarmería no tiene mucho trabajo, a pesar de que suceden cosas extrañas.
Laurène, la gendarme a cargo, lleva a cuestas un pasado en el
que fue secuestrada en el bosque, y tuvo que cortarse un dedo para poder
soltarse y escapar, pero no recuerda a su secuestrador. 20 años después sigue
intentando entender lo que ocurrió.
Cuando llega un nuevo fiscal a la ciudad, las cosas empiezan
a cambiar porque nota que hay muchos casos no resueltos, como el de Marion, la
hija del alcalde que lleva meses desaparecida.
Esas dos búsquedas, pueden estar relacionadas y eso obsesiona
a Laurène, quién, mientras intenta descubrir vínculo hay entre el bosque, su
secuestro y la desaparición de Marion, van saliendo a la luz diferentes asesinatos
realizados por los lugareños.
Lo más interesante, es que atrás de toda esta realidad oscura
y perturbada que viven los personajes de Zona Blanca, hay un tema que se
desarrolla en paralelo con los crímenes: la
contaminación ambiental.
La familia Steiner, dueña de todo, es sospechosa de estar
contaminando las tierras del pueblo sólo para seguir ganando dinero, y para
combatirlos, se crea una especie de grupo de voluntarios que busca escracharlos
para, finalmente, lograr que sus negocios se terminen. Pero ¡recuerden! Nunca
es fácil combatir contra los que tienen dinero. Por ende, no será una tarea
fácil.
El bosque es un lugar sumamente importante, en el bosque viven
animales, el bosque es vida y hay que cuidarlo, porque si no, se defiende solo.
En una época en la que estamos luchando por cuidar el
planeta, Zona blanca logra que uno empatice con esta causa que nos afecta a
todos. Nos llama a cuestionar cómo obtenemos los recursos, de dónde los sacamos
y cuán limitados pueden ser.
Y le da a la naturaleza el rol más importante: hacernos
entender que no se va a quedar sin hacer nada mientras nosotros la detonamos.
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